domingo, 6 de enero de 2013

Vivir más, pensar menos.

Muy loco fue empezar el gimnasio después de tormentas y penurias incesantes, además del estado físico insignificante.
Primero empezé con la cinta, desplazándose como una catarata, sin tiempo a detenerse, salvo por el interruptor puesto en -off-. Y siguió ese festival de salud en mi cuerpo pero primordialmente en mi cabeza. Luego seguí con pesas, y aunque duelen bastante, descargan toda la ira que pude llegar a tener. Noto que el cambio es proporcional al tiempo dedicado, y que la mente sale por la ventana a veces. Después vuelve, pero que pase eso en medio de la sesión de complementos es fantástico y necesario.

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